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Caprichos de la naturaleza. A todo esto, la marquesa estaba ya, de vuelta de sus baños, en su casa de Madrid; la cual casa frecuentaba mucho Ángel, porque para eso le había sido ofrecida por la amable señora. ¡Y qué bien se acomodaba el mozo a aquellos ambientes refinados que tan nuevos eran para él!

Su sueldo era de cuarenta mil reales, y con él vivían económicamente padre e hija, en el tercero que Calderón les dejaba por veintidós duros al mes. Los gastos mayores de Pinedo eran de representación. Como frecuentaba una sociedad muy superior a la que, dada su posición, le correspondía, era preciso vestir con elegancia y asistir a los teatros.

Como supiera un día la dama que su hijo frecuentaba los barrios de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encargó a Estupiñá que vigilase, y este lo hizo con muy buena voluntad llevándole cuentos, dichos en voz baja y melodramática: «Anoche cenó en la pastelería del sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros... ¿sabe la señora?

«Y Ana, que pasaba por hija predilecta de confesión del Magistral, por devota en ejercicio, se había presentado en el teatro en noche prohibida, rompiendo por todo, haciendo alarde de no respetar piadosos escrúpulos, pues precisamente ella no frecuentaba semejante sitio.... Y precisamente aquella noche...».

Cuando le interrogaba acerca de Suárez, me respondía que frecuentaba, en efecto, la casa, porque traía negocios mercantiles con don Oscar, que le hablaba alguna que otra vez; mas nunca, en su conversación, había hecho alusión a nuestras relaciones, ni tampoco se había propasado a galantearla más que en los términos vagos que en Andalucía carecen por entero de significación.

Esta doña Victorina era muy conocida en el pais por sus estravagancias y caprichos. Frecuentaba mucho la sociedad y se la toleraba siempre que se presentaba con su sobrina, la Paulita Gomez, bellísima y riquísima muchacha, huérfana de padre y madre, y de quien doña Victorina era una especie de tutora.

El squire había estado acostumbrado toda su vida, a recibir el homenaje de todas las gentes de la parroquia y a pensar que su familia, sus copas de plata y todo lo que le pertenecía era lo más antiguo y lo mejor; y como no frecuentaba nunca a la burguesía de esfera más elevada que la suya, su opinión no admitía cotejo.

El público que frecuentaba la tercera y cuarta función se componía casi exclusivamente de hombres aficionados a comprar hecho el amor, y de pecadoras elegantes.

Pero el diablo, que no duerme, hizo que ocurrieran á última hora algunas dificultades: el decimocuarto Parreño era cristiano muy viejo y muy temeroso de Dios; y cierto fraile de la Merced, que frecuentaba la casa y tomaba allí el chocolate todas las noches, dió en probar, con la autoridad de San Anselmo y Orígenes, que aquel caballerito irlandés era hereje y poco menos que judío.

La hora se me pasó, mamá me espera... Muñoz, tenemos que hablar, ya ; le avisaré a Charito para encontrarnos una tarde aquí. Adiós, adiós. Julio, retenido un minuto por Lucía, la vio salir como huyendo. Tanto había conturbado a Muñoz la aparición momentánea de Adriana y tan lejos estaba de suponer que Julio frecuentaba la casa de Charito, que no le reconoció en el primer momento.

Palabra del Dia

epinona

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