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Actualizado: 26 de octubre de 2026
Quiero que esto sea en todo el día de hoy o en el de mañana, hasta las nueve de la noche. Durante este tiempo la ocasión es propicia y conviene no perderla. Acaso ocurra que la persona que yo pretendo me cite no se preste a confesar que accede a la cita y gusta de aparentar que yo, por traición de su criada, entro, a pesar suyo, en su casa y la sorprendo.
Asistimos luego á la entrevista nocturna de los dos amantes, llena de fuego y de apasionada ternura; Julia, al fin, después de hacer alguna resistencia, accede á las súplicas vehementes de Roselo de casarse con él en secreto. Jornada segunda. El enlace clandestino de Roselo y de Julia se supone ya consumado, pero la dicha de ambos es poco duradera.
El Amor, sin embargo, accede al fin á celebrar de nuevo su himeneo, movido por el arrepentimiento del Alma; la Santa Virgen trae á Psiquis en sus brazos, él estrecha entre los suyos á la recién hallada, y en este instante la adornan blancos paños; ábrense sus ojos á la razón; huyen el Mundo, el Deleite y Lucifer; se ve al Cielo, padre de Psiquis, que ofrece á su hija una corona y una palma, y un coro solemniza con sus cánticos las bodas del Alma y de Cristo.
La Princesa accede al principio á los deseos del Rey, pero los grandes le demuestran con empeño, que, para atender á la dicha de su pueblo, debe elegir esposo. Envíanse entonces embajadas á varios Príncipes, para tomar entre ellos esposo; pero ninguno corresponde á los deseos de los grandes, ni posee las prendas que Isabel exige.
Así había sido doña Constanza, tal como aparecía en el lienzo, pelirrubia y con enormes ojos negros, guapetona, un poco llena de carnes, como conviene á una mujer acostumbrada á arrastrar mantos regios y que sólo por devoción accede á disfrazarse de campesina. La imagen de la emperatriz llenó su pensamiento infantil.
San Patricio, mientras tanto, resucita á Polonia; Egerio, admirado de este prodigio, pide á su autor que le haga ver el Purgatorio; San Patricio accede á este deseo, y se lleva al Rey á una caverna, desde la cual se ve al Purgatorio en lo hondo, y lo precipita desde aquí en el Infierno, cuyo suceso produce la conversión de la corte y la de toda Irlanda.
Y cuando con más calor hablaba Andresito de sus tormentos amorosos, la niña le interrumpió, diciéndole con su tonillo bromista, como quien accede a tomar parte en un juego: Bueno; seremos novios... pero ¡por Dios! que nada sepa la mamá. El Carnaval de aquel año fue muy alegre para la familia de doña Manuela. Las niñas se divirtieron.