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Actualizado: 4 de octubre de 2025
Me refirió la historia de sus crueles años pasados en el mar, las extrañas aventuras que le habían sucedido en países salvajes, cómo escapó de una muerte segura en las manos de una tribu de nativos en Camarones, y cómo, por espacio de tres años, había sido capitán de un vapor de río en el Congo, representando en esas regiones el papel de un pioneer de la civilización.
Ellos son la consagración: no hay gloria completa sin el beso de una hermosa y sin la mordedura de un malvado; nadie puede llamarse francamente triunfador si no ha sentido posarse sobre su frente tiernas miradas de mujeres y crueles y sarcásticas miradas de hombres... ¡Ah! quién diera a mis palabras la pujanza de águilas bravías o potros cerriles, para pregonar con ellas a despecho de afilados dientes y rastreros silbidos, y no ya por la isla infeliz, sino bajo todos los techos del mundo, el genio y la bondad del divino maestro.
Sorprendida su embarcación en alta mar por los piratas berberiscos, se acrecentaron sus sufrimientos bajo el yugo bárbaro de su nuevo amo; pero llegados á un puertecillo africano, el indomable barón halló modo de matar al capitán pirata en la barca que á tierra los conducía y arrojándose después al agua seguido de Simón ganaron á nado la tierra y tras mil penalidades lograron embarcarse en la galera que acababa de llevarlos á Inglaterra, no sin rico botín arrebatado con astucia á sus crueles enemigos.
Debe usted salir de ahí: usted es mi tío dijo con orgullo . Vuelva á su casa, donde le corresponde estar. Mis camaradas tendrán mucho gusto en conocerle; son hombres muy distinguidos. Se lamentó luego de lo que el viejo hubiese podido sufrir. No sabía con certeza en qué consistían tales sufrimientos, pero adivinaba que los primeros instantes de la invasión habrían sido crueles para él.
La mala alimentación y las calenturas hacían de ellos feroces espectros enfundados en mortajas de hierro. La desgracia y el ansia de vivir los convertían en seres crueles, sin misericordia. La muerte iba con ellos y para ellos.
Se figuró que era una joven princesa guardada estrechamente en una torre por crueles tiranos; una Pía de Tolomei, á quien amigos devotos se esforzaban en libertar. Y no tuvo más que una idea, la de facilitar la misión de los libertadores. Ante todo, quería ver á Mauricio, hasta con una barba gris.
El marino quiso expresar el asombro que le producían las diversas mutaciones de esta existencia andante y misteriosa que cada vez mostraba una nueva faceta; pero se contuvo, para oír mejor los crueles consejos de la voz maligna que hablaba en su pensamiento... El no pretendía matarse por ella... Muy al contrario: su agresividad silenciosa la examinaba como una víctima próxima.
Se acongoja el viajero al oir la relacion de los horribles martirios de que fué teatro aquel canal, construido por los presidiarios, de los cuales hubo millares de víctimas del trabajo y los crueles tratamientos.
Y ya que la fortuna nos niega la victoria, no nos quitará á lo menos el morir peleando como soldados, que vale harto más que vivir siendo esclavos destos crueles é inhumanos bárbaros, y seremos ejemplo á nuestros sucesores á estimar más las honras que las vidas.»
Pero venían á avisarla que el almuerzo estaba servido y era fuerza resignarse otra vez á ver sonrisas ambiguas, miradas crueles, semblantes odiados. Por la tarde, cuando no tomaba el álbum y los lápices para ir á dibujar al campo, salía á dar una vuelta por el pueblo.
Palabra del Dia
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