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Actualizado: 27 de octubre de 2025
Unos ratos esta idea hacía presa en su pensamiento, otros momentos se esperanzaba con la posibilidad de reconquistarle. Era forzoso seguir en el teatro. Estaba una noche sentada en su cuarto, después de concluida la última obra en que cantaba, cuando entró a saludarla uno de sus más entusiastas galanteadores, hijo de una rica familia comercial de Santurroriaga.
Meditaba, sin dejar de seguir en sus evoluciones caprichosas las bocanadas de humo, mientras que en el fondo de su ánimo se preparaba sordamente una capitulación de conciencia: Después de todo, mi padrino me ha prohibido que vaya á casa de la señorita Guichard, pero no á los alrededores de esa casa.
Una y otra me dijeron que la joven con quien está concertado mi matrimonio se obstina en no salir del convento, asegurando que antes se casará con Jesucristo que conmigo. ¡Qué ranciedades, señora madre! añadió con nuevo arrebato . Yo quiero seguir en el ejército, yo quiero ir a Madrid para tratar a la gente que sabe, y a los filósofos, y leer la Enciclopedia, y ver las sociedades secretas, si las hay para entonces, y aprender lo que no sé, pues D. Paco no me ha enseñado más que esa sandez de Por el barandal del cielo.
Prendieron á D. Berenguel, General de las galeras de Sicilia, con D. Juan de Cardona, su yerno. Estos se perdieron por hacer lo que debían en seguir al General. Prendieron á D. Gastón de la Cerda, hijo del Visorrey de Sicilia, y al Obispo de Mallorca, y D. Fadrique de Cardona, y el Maestre de campo Aldana y otros muchos caballeros y Capitanes. Salvóse Juan Andrea en una fragata.
Que sí, que sí, hijito; que lo estoy pasando muy mal desde el día de San Bartolomé; que lo diga Ramón si no... Es verdad, es verdad bramó sordamente el elefante del marido. Lo está pasando muy mal... A mí me parece que es histérico... Andrés dejó de escuchar la conversación y se mudó a la otra ventanilla para seguir contemplando el paisaje.
El, dominado repentinamente por el deseo, quedó inmóvil y se negó á seguir adelante. ¡No... no! Alicia protestaba ante el peligro, quebrantada aún su voluntad por las emociones recientes, pero esforzándose por mantener su negativa. La boca de él se había separado de la suya. Sus ojos brillaban con un estrabismo agresivo. Las manos bajaron á lo largo del cuerpo femenil, ganchudas como garras.
Tal vez volviese a Mallorca, para llevar una vida de mendigo respetable al lado de los amigos que aún se acordaban de él; tal vez pasase a la Península y fuese a Madrid en busca de un empleo; tal vez acabara embarcándose para América. Todo era preferible a seguir allí.
Mis compañeros de viage se quejaban con mucha razon, y solamente el ejemplo de mi resignacion y mi constante cooperacion á sus trabajos podian darles el ánimo suficiente para seguir adelante.
Al principio les basta con seguir á lo largo del torrente, pero muy pronto es necesario que intervengan directamente, y entonces los intrépidos compañeros necesitan todo el vigor de sus agudos ganchos, toda la agilidad de sus brazos, toda la habilidad de su mirada y toda la energía de su voluntad.
Por lo que veía, era muy blanca, y debía de seguir siéndolo; no, no eran polvos de arroz; era blancura sana, cutis inglés, una verdadera frescura y una hermosura a prueba de tijeras.
Palabra del Dia
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