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Tuvo su aumento, cuando las armas de Alejandro pasaron más allá del Ganges, y los límites y fines inmensos de la misma naturaleza no lo fueron de su ambicion. Fué su muerte, cuando las armas de los Bárbaros, por flojedad de sus Príncipes, y poca fidelidad de sus Capitanes, le pusieron en dura servidumbre.

Al santo de que ha ido media Villavieja... ¡Canario, cómo se conoce que tienen guita larga! ¡No le dije yo? A ver eso, hombre. Y ¿qué ha de verse? Lo que le dije al principio: que nada tengo que hacer en Peleches, y que por eso no he ido. Como decía usted que por una casualidad... Ahora lo entiendo menos. Mi padre es muy amigo de don Alejandro desde que éste andaba por acá. Ayer se torció un pie.

Pues el dicho trajo cola, y cola larga; porque aposentó en las mientes de Alejandro una idea que jamás había pasado por ellas. Nieves tenía entonces seis años cumplidos; Nacho, diez mal contados: cuando ella tuviera veinte, él tendría veinticuatro. De molde. Nieves era monísima, y llegaría a ser una arrogante moza; Nacho era guapo de verdad, y prometía ser un mozo gallardo. De perlas.

"De la batalla sangrienta Presuroso sale Dario Habiendo para escaparse Del vencedor Alejandro..." Romance de Gabriel Lobo Laso de la Vega. Romancero de Durán, núm. 503. Alude Lope a dos ejemplos famosos de continencia, muy celebrados en el Renacimiento.

Es muy cierto que no veía gota, y que saludaba a veces a una figuranta tomándola por una estrella; pero marchaba siempre con el aire resuelto de un Alejandro al entrar en Babilonia. Por eso las muchachas del cuerpo de baile, que se complacen en poner remoquetes a las personas, lo habían bautizado con el sobrenombre de Vencedor.

El duque Federico, que conoce este secreto, anuncia á Alejandro que el Rey, á causa de la disputa que ha tenido con Rugero, está animado contra él de disposiciones hostiles, y le aconseja que huya de la corte por algún tiempo. Alejandro lo obedece, se despide de su esposa, y huye.

D. Paco, a quien desde el primer momento tuve y diputé por un gran zopenco? También me ha enseñado Historia, , señor. Y lo de nuestro padre Adán y aquello de Alejandro cuando fué a dar batallas a los persas, como ahora vamos nosotros a dárselas a los franceses. ¿Y nada más?

Respingó sobre la silla don Alejandro al sentirse acometido tan de golpe y tan de lleno por aquella pregunta, y, después de unos instantes de silencio, preguntó él, a su vez: Y si yo te dijera que los hay, ¿qué me responderías ? Sin vacilar respondió Nieves: Que esos planes tienen la culpa de que yo no me entusiasme con la noticia que me has dado.

¡Esto consuela, señor don Alejandro! decía abanicándose briosamente el pescuezo con ronchas bronceadas . Se ve una entre los suyos, y tiene con quién hablar y desahogarse... Porque en la soledad a que la obliga a una el decoro de la clase, se hacen allá dentro unas talegadas de asco, que da gusto desocuparlas después entre gentes que la comprendan a una y sepan estimar las cosas en lo que valen... ¡Si vieran ustedes cómo se va poniendo esto!... Ya no hay quién lo conozca.

Las hijas del famoso Bonilla, importador de pañolería y después banquero y extractor de vinos, casaron: la una con Sánchez Botín, propietario, de quien vino la generala Minio, la marquesa de Tellería y Alejandro Sánchez Botín, la otra con uno de los Morenos de Madrid, co-fundador de los Cinco Gremios y del Banco de San Fernando, y la tercera con el duque de Trastamara, de donde vino Pepito Trastamara.

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