¡Ah! pero el señor Macey y vos son dos cosas muy distintas dijo Ben Winthrop . El señor tiene un don natural. Mirad, el squire tenía la costumbre de invitarlo a tomar una copa solamente para oírle cantar el «Corsario rojo»; ¿no es cierto, señor Macey? Es un don natural. Si su amiguito Aarón tiene también un don natural, puede cantaros un aire cualquiera sin vacilar, como una alondra.

Dolly Winthrop fue la primera en adivinar que el anciano señor Macey, cuyo sillón había sido colocado delante de la puerta, esperaba que se tendría con él alguna atención particular, puesto que era demasiado viejo para asistir a la comida de bodas.

El bueno y anciano ministro venía precisamente de la alcoba mortuoria del Gobernador Winthrop, que acababa de pasar á mejor mundo, y se dirigía ahora á su casa alumbrándose con una linterna. El brillo de ésta había hecho imaginar al Sr.

Parecía sorprendente que Ben Winthrop, que gustaba del jarro de cerveza y de decir chistes, viviera tan de acuerdo con Dolly; pero es que ella aceptaba las ocurrencias y la jovialidad de su marido con tanta paciencia como las demás cosas.

¡Vos no vais a darme a otro, padre mío! había dicho antes de que partieran para la iglesia ; no haréis más que adoptar a Aarón como hijo. Dolly Winthrop seguía detrás con su marido, y ése era todo el cortejo nupcial.

Todo eso está obscuro para , señora Winthrop y mucho me temo que así suceda hasta el fin.

Lo tomaría siempre a broma le dijo a Dolly si no la castigo, y soy incapaz de hacerlo, señora Winthrop. Las mortificaciones que me causa las puedo soportar y no tiene malas costumbres, de las que no puede librarse algún día.

Godfrey había vuelto con el calzado. Al oír los gritos de la niña su corazón se oprimió, como si alguna fibra íntima se hubiera tendido con fuerza. Voy a ir dijo precipitadamente, impaciente por moverse un poco , voy a ir a buscar esa mujer, a la señora Winthrop. ¡Oh! ¡bah! mandad a otra persona dijo el tío Kimble, que se apresuró a salir con Marner.

¿Cómo supiste que yo estaba aquí? preguntó Dimmesdale con temor. En realidad de verdad, respondió el médico, no sabía nada de esto. Gran parte de la noche la he pasado á la cabecera del digno Gobernador Winthrop haciendo en su beneficio lo que mi poca habilidad me permitía. Á un mundo mejor ha partido, y yo me dirigía á mi morada, cuando brilló esa luz extraordinaria.

El señor Tookey, el chantre suplente, que compartía la impopularidad común a los suplentes, se enrojeció mucho, pero repitió con moderación discreta: Señor Winthrop, si queréis decirme que lo hago mal, no soy hombre capaz de decir que no cambiaré. Pero hay personas que creen tener orejas infalibles, y que esperan que el coro entero tome a sus personas por modelo.