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Se corrieron toros en el barrio del Duque. En 20 de Agosto pregonóse la limpieza de la ciudad con trompetas á caballo. Prodújose un alboroto en el Cabildo de la ciudad y fué la causa el haberse recibido una carta de Gibraltar dando á la de Sevilla el tratamiento de merced.

El mozo aún conservaba sus amistades con los antiguos camaradas de contrabando, y él le llevaría por los senderos extraviados de la sierra hasta Gibraltar. Allí podía embarcarse para cualquier punto: el mundo es grande.

Los demás barcos iban delante. Pusque lo que menos creíamos era que los casacones habían salido de Gibraltar tras de nosotros y nos daban caza. ¿Ni cómo los habíamos de ver, si tenían apagadas las luces y se nos acercaban sin que nos percatáramos de ello?

Vamos a salir impulsados por una buena brisa NO. y a farolear por el estrecho de Gibraltar; y si San Nicolás y Santa Bárbara nos ayudan, ¡pardiez!, volveremos con los bolsillos llenos, muchachos, para hacer bailar a las chicas de Saint-Pol y beber vino de Pempoul. ¡Hurra! ¡hurra! gritaron todos en signo de aprobación.

El peñon de Gibraltar, abrupto y formidable, y ligado al continente ó la España por un istmo angosto, bajo y pantanoso, cierra el golfo al nordeste, batido por las violentas olas de un mar comprimido entre montañas que lo rodea casi totalmente.

Desde aquí, con arreglo á un plan, no bien calculado, pasó á Egipto, y luego, bajo los rayos de un sol ardiente, visitó el Sinay y la peñascosa ciudad de Petra, de muy difícil acceso por lo escarpado de la costa. Después de visitar, dirigiéndose otra vez al Norte, á Jerusalén, Damasco y el Líbano, se embarcó en Beyrut, y después de un breve descanso en Syra y Malta, llegó al Peñón de Gibraltar.

Algunos días después de lo fuga de Fermín, vio llegar a su ahijado Rafael. Se hallaba sin colocación: había abandonado el cortijo. Venía a decirle que Fermín estaba en Gibraltar, y que un día de aquellos se embarcaría para la América del Sur. También a ti dijo el viejo con tristeza te ha picado la mardita bicha, que nos emponzoña a toos. El mocetón estaba triste, desalentado.

Así, esa noble libertad personal que es el orgullo del Inglés, y pugna con los pasaportes, las cuarentenas implacables y las cortapisas, sufre una excepcion en Gibraltar, por el solo hecho de haber allí un conjunto de máquinas de barbarizar al mundo.

Por fortuna, el Mediterráneo estaba libre de tal calamidad. Los ingleses tenían bien guardada la puerta de Gibraltar, y todo él era un lago tranquilo dominado por los aliados. Antes de acostarse, Ferragut entró en una cámara de la cubierta alta, donde estaba instalada la telegrafía sin hilos. Le atrajo el chirriar de aceite frito que lanzaban los aparatos.

El contrabando es inmenso, por todos lados, lo mismo por sus costas, que por las fronteras de Francia y Portugal; pero en ninguna parte se hace con proporciones tan visibles como en Gibraltar.

Palabra del Dia

sellándolos

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