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Actualizado: 16 de junio de 2025


La Revista de Edimburgo habló del libro con desdén, y Byron contestó con su célebre sátira sobre los Poetas Ingleses y los Críticos de Escocia. Cumplía los veinticuatro cuando salió al público el primer canto de su poema Childe Harold. «A los veinticinco años», dice Macaulay, «se vio Byron en la cima de la gloria literaria, con todos los ingleses famosos de la época a sus pies.

En efecto, pocos cuadros de costumbres, como éste, se nos ofrecen en todas las literaturas, de tan admirable verdad, de plan tan acentuadamente cómico y que revele tan profundo conocimiento del corazón humano, y de una sátira tan bien dirigida.

Veamos ahora de qué medios disponían los astrólogos náuticos para diferenciarse de los judiciarios á quienes D. Antonio de Gaztañeta enderezaba la sátira del principio.

Felizmente, tal resultado era menos de esperar en aquella época que en cualquiera otra. La victoria obtenida por Lope de Vega en favor del teatro nacional fué tan decisiva, que nada pudieron contra ésta los ataques de una crítica enemiga, aun empleando la mayor prudencia y todas las armas de la sátira.

No te sobresaltes respondió el Diablillo ; que no nos han conocido ni nos pueden ver, como te previne; que el que ha dicho la pobra que viene es aquel que entra agora, que trae una pierna de palo y una muleta en la mano y se viene quitando la montera, y entre ellos le llaman el Diablo Cojuelo por mal nombre, que es un bellaco, mal pobre, embustero y ladrón, y estoy harto cansado con él y con ellas porque le llaman así, que es una sátira que me han hecho con esto, y que yo he sentido mucho; pero esta noche pienso que me lo ha de pagar, aunque sea con la mano del gato , como dicen.

La cáustica sátira madrileña, la más sangrienta quizá que hemos conocido, hízoles bien pronto variar de nombre. Carmen Tagle, profundamente resentida, porque habiendo representado ella a la reina negra en la partida de ajedrez no se había formado ninguna guardia en honra suya, comenzó a designar a la de su rival, por su origen japonés, con el nombre de Mikado.

Su novela Isaac es, con todo, para mi gusto, más sátira que novela: pertenece a un género que no me agrada, aunque en él puede más fácilmente que en otros ganarse fama y obtenerse un buen éxito de librería.

Si eran buenas, mi amigo argumentaba con sofismas que sus compañeros no acertaban nunca a distinguir; si eran vacías y fuera de propósito, Porras recurría a la sátira para quemar a los buenos señores. Los cuentecillos venían al fin.

Los hombres muy satíricos de ordinario tienen desordenadísimo amor propio, y continuamente exercitan la sátira, porque quieren ajar á los demas, y hacerse superiores á todos.

Carece de serenidad, de calma y de paciencia, y en la destrucción de sus obras de arte y en el suicidio con que termina, hay tal frenesí de vanidad lastimada que, si bien no nos quita la conmiseración por el héroe, rebaja mucho el aprecio y la simpatía que al principio logró inspirarnos. La sátira ingerida o combinada con la novela tiene además una grave contra.

Palabra del Dia

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