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Actualizado: 23 de octubre de 2025


Háblame de El decía Leonora frotando su cabeza en el duro pecho del músico alemán, con el dulce abandono de la pasión saciada. ¡Cuánto daría por haberle conocido como !... Todavía le vi en Venecia: eran sus últimos días... estaba moribundo. Y evocaba aquel encuentro, uno de sus recuerdos más firmes y bien delineados.

Luego que llegó á Venecia, se echó á buscar á Cacambo en todas las posadas, en todos los cafés, y en casa de todas las mozas de vida alegre; pero no le fué posible dar con él.

»Después nos habla de la incomparable Venecia, ciudad fabricada dentro del mar, de tal modo, que las calles son de agua y los coches unas lanchitas que llaman góndolas; y allí se pasean de noche los amantes, solos en aquella serena laguna, sin ruido y sin testigos.

Menester es que sea muy rico. Volvió de allí á un rato, y dixo que no podia hacer el viage por ménos de veinte mil. Veinte mil le daré á vm., dixo Candido. Toma, dixo en voz baxa el mercader, ¿con que da veinte mil duros con la misma facilidad que diez mil? Otra vez volvió, y dixo que no le podia llevar á Venecia si no le daba treinta mil duros. Pues treinta mil serán, respondió Candido.

Algunas madres de la vecindad, con su tropel de muñecos voceadores, y grupos de curas y aficionados a la clase sacerdotal, destacando sobre el verde la mancha negra de sus trajes, hablando con misterio de lo malos que están los tiempos, del prisionero del Vaticano y del verdadero rey que vive en Venecia.

Venecia, que fue tan poderosa y rica, tuvo también un origen semejante, y fue fundada en unas lagunas por gente fugitiva de los bárbaros invasores de Italia. La misma Escocia será todo lo pintoresca y linda que se quiera, pero no hay quien no convenga en que naturalmente es estéril; sin duda, más estéril que España.

Si pone el gobernador alguna dificultad, dale cien mil duros; si no basta, dale doscientos mil: tu no has muerto á inquisidor ninguno, y nadie te perseguirá. Yo fletaré otro navío, y te iré á esperar á Venecia; que es pais libre, donde no hay ni Bulgaros, ni Abaros, ni Judíos, ni inquisidores que temer.

¡Pobre Venecia! esto me pasó, no he podido ménos de contarlo; continuemos nuestro paseo á la iglesia del Redentor. Tiene, como todas, bellezas de arte, cuadros y estatuas, elegantísima fachada, gusto arquitectónico, formas y estilo.

Mi sobrino el gran Sultan Mahamud me da licencia para viajar de quando en quando para restablecer mi salud; y he venido á pasar el carnaval á Venecia. Después de Acmet habló un mancebo que junto á el estaba, y dixo: Yo me llamo Ivan, he sido emperador de toda la Rusia, y destronado en la cuna. Mi padre y mi madre fuéron encarcelados, y á mi me criáron en una cárcel.

El conde Darú dice en su Historia de Venecia: «La máxima que el dinero es el nervio de la guerra, verdadera bajo algunos aspectos en administracion, no ha podido acreditarse sino en pueblos incapaces de esfuerzos generosos: cuando se aspira á la independencia, á la gloria y al poder, es necesario saberlo conquistar por mismo

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