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Actualizado: 2 de octubre de 2025
Crea usted, que lo que hubiera convenido y lo que todo esto hubiera merecido, es que nosotros hubiéramos imitado á Agatocles. ¿Y quién fué ese caballero? preguntó don Prudencio. Pues Agatocles contestó D. Valentín fué un célebre tirano de Siracusa, con quien se condujeron los cartagineses sobre poco más ó menos, como los yankees con nosotros.
Por lo cual, exigió al aceptarlo, que habían de acompañarle á la celda prioral los seis individuos de la comisión: él llevaría la palabra, y los otros, si era necesario, apoyarían cuanto dijese. Convenido así, fijaron la entrevista para aquella misma tarde á la hora en que el P. Prior volviese de su acostumbrado paseo.
Bettina se inclinó a un lado y miró con curiosidad las grandes botas de Juan, cubiertas de polvo. Pero, señor, ¿usáis espuelas? Sí, señorita. ¿Estáis en la caballería? Estoy en la artillería, señorita, y la artillería es la caballería. ¿Y vuestro regimiento está de guarnición?... Muy cerca de aquí. ¿Entonces saldréis a caballo con nosotras? Convenido. ¿Veamos ahora en qué estaba?
Habíamos convenido, para que nada pudiese decir la tía, en decirla que don Hugo me había rescatado de unos piratas berberiscos que me habían apresado algunos años antes, matando á mis padres. La buena vieja era muy crédula, y creyó todo lo que su sobrino quiso que creyese. Don Hugo estuvo algunos días en Barcelona y partió al fin, dejando encomendado á su tía que hiciese de mí una dama.
Pero es condición precisa que tú lleves dos camelias también en la mano, una blanca y otra encarnada: si te gusto, deja caer la encarnada y quédate con la blanca; si no, haz lo contrario. Convenido. Hasta mañana, pues; adiós, adiós hermosa Lucía... Voy a pedir al cielo que seque esta noche todas las camelias encarnadas.
Está convenido que Petra no se casa con menos de un millón. No se puede vivir con menos de seis u ocho mil pesos al año dice a cada momento el Barón de Brenay. Es lo justo para no morirse de hambre añade la Baronesa.
Después de todo dijo, una entrevista no compromete a nada... Como soy absolutamente de su parecer, empiezo a recobrar la libre posesión de mí misma, que me faltaba esta mañana. Está convenido que el señor Desmaroy, así se llama el pretendiente, vendrá el sábado próximo. Después de mil conferencias y reflexiones, la abuela se ha decidido por una simple entrevista en casa.
¡Usted nunca me habla de sí mismo! le decía Ana con tono de reconvención, una mañana de Agosto, en el parque, metiéndole una rosa de Alejandría, muy grande, muy olorosa, por la boca y por los ojos. Estaban solos. Tácitamente habían convenido en que aquellas expansiones de la amistad eran inocentes. Ellos eran dos ángeles puros que no tenían cuerpo.
En fin, ya hablaremos de eso... Déjalo a mi cuidado concluyó diciendo ella. Y él se lo dejaba de muy buena gana, fiando de su imaginación inagotable, de su voluntad y su audacia. Cuando se cansaron de hablar de lo porvenir volvieron los ojos al presente. Era necesario bautizar la niña. Habían resuelto que fuese al día siguiente. Ya hemos convenido en que la madrina fuese yo y el padrino tú.
El hecho resultaba evidente, y quedó también convenido que el caso, sin dejar de ser una indecencia, era al mismo tiempo un acto político: cosas ambas que, según dictamen de peritos, podían aunarse y darse las manos en amigable consorcio, como se las habían dado ya el atleta, el ángel y el ramo de violetas...
Palabra del Dia
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