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Actualizado: 3 de octubre de 2025
Los pasos de los transeúntes sonaban en las aceras como un áspero y ruidoso frotamiento, y aglomerábase la gente en las puertas de los templos, negras y profundas bocas que lanzaban a la fría calle el denso vaho de su interior.
Y sin embargo, aunque más feliz indudablemente en cualquiera otra parte, allá en lo íntimo de mi sér existe un sentimiento respecto de la vieja ciudad de Salem, al que, por carecer de otra expresión mejor, me contentaré con llamarlo apego, y que acaso tiene su origen en las antiguas y profundas raíces que puede decirse ha echado mi familia en su suelo.
Y además, como tenía su soldada anual, aunque corta, ya no vestía los desechos de don Eugenio y se hacía al año dos trajes, operación que antes de ser emprendida era objeto de serías y profundas meditaciones. Melchor Peña, al salir de la adolescencia, experimentó una transformación.
En Madrid nos inquietaba un tanto la policía; aquí vivimos en la más perfecta y envidiable calma. Lector, si el cofre que tienes en tu casa te produce inquietudes profundas; si el cofre que tienes en tu casa te turba el sueño, créeme, tira el cofre á la calle. Pasa por todo, menos por intranquilizar tu espíritu.
Y es que las ideas del hombre se van modificando insensiblemente al través de la existencia; las convicciones más profundas se desarraigan de nuestro espíritu cuando menos lo esperamos, la antigua fe deja paso a la nueva, y el entusiasmo se enfría y se calienta incesantemente durante nuestra peregrinación por la tierra.
¡Ah! replicó el médico con aquella calma que, natural ó impuesta, distinguía todas sus maneras, así es como un joven eclesiástico habla por lo común. La juventud, por lo mismo que no ha echado aun raíces profundas, con facilidad renuncia á la vida. Y los hombres devotos y buenos que siguen en la tierra los preceptos de Dios, con gusto dejarían este mundo para estar á su lado en la Nueva Jerusalén.
Casi al salir de Reinosa comienza un admirable laberinto de colinas y cerros de encanto sin igual, que se destacan ya abruptos, ya redondos, ya en planos inclinados, produciendo una infinidad de quiebras ó profundas ramblas por cuyas faldas y honduras va caracoleando la carretera, llevando al viajero de sorpresa en sorpresa.
En el primer caso, dicen: Es cosa buena, ¿cómo se había de negar? No tiene más sino aquello, y lo otro, y lo de más allá... ya se ve; las cosas no pueden ser perfectas. En el segundo, dicen: Señor, no es mala; pero no es para todo el mundo: hay cosas demasiado profundas: tiene bellezas: sobre todo hay versos muy lindos.
Palabra del Dia
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