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Actualizado: 18 de octubre de 2026
Será posible que contino sea Esclava de naciones estrangeras, Y que un pequeño tiempo yo no vea De libertad, tendidas mis banderas? Con justisimo titulo se emplea En mí el rigor de tantas penas fieras, Pues mis famosos hijos y valientes Andan entre sí mesmos diferentes.
A este reproche justísimo los aludidos podrían redargüir que los libros de «vulgarización científica» de los naturalistas y de los médicos adolecen del defecto contrario: todos ellos descubren un desconocimiento «práctico» de los hombres y de las cosas, la ignorancia que tienen de la vida esas buenas almas, apacibles y sabias, que maduraron en la austeridad candorosa de los laboratorios y de las bibliotecas; son obras frías, en las que falta ese complejo perfume de vicios, de virtudes, de alegrías ingenuas y también de recóndito dolor, que constituye lo que apropiadamente podríamos llamar «olor á humanidad».
Triumphó de todos sus enemigos, y en todas las guerras civiles y extranjeras fué siempre vencedor; pero el remate de todas estas dichas paró en una triste prision, y miserable muerte, aunque al parecer de todos, justísimo castigo del cielo, por la sangre inocente que derramó de sus amigos, y de otros muchos que injustamente murieron á sus manos.
Oh, Jesús mío: aunque no lo merezco, perdonadme mis pecados, y restituidme el uso de mis ojos; reconozco, Señor, y confieso que este trabajo es justísimo castigo de mis culpas; pésame en el alma de haberlas cometido, y propongo de nunca jamás volver á caer en ellas.
Sea lo que fuere ello, se trabajó con él incesantemente, días y noches, con todo género de argumentos, razones y medios, no quedándole que poder alegar en su defensa, en el juicio de Dios, como lo decíamos, mas todo lo frustró su pertinacia y la equidad de la Justicia Divina que prevista aquélla, le destinó como a otro Judas para víctima sangrienta de su justísimo desagravio.
Y como yo me mostrara un poco admirado de verla tan bonita y aseada, revelando luego que era el edificio predilecto de los vecinos, observé en éstos, al felicitarlos, un sentimiento de justísimo orgullo. El más viejo de los que estaban cerca, me dijo: Señor, es él quien merece la enhorabuena; por él la tenemos, y por él saben leer nuestros hijos.
Sufrir... trabajar... ¿Qué Dios es ése? Un Dios justísimo, señor Simoun, contestó al sacerdote; un Dios que castiga nuestra falta de fé, nuestros vicios, el poco aprecio que hacemos de la dignidad, de las virtudes cívicas... Toleramos y nos hacemos cómplices del vicio, á veces lo aplaudimos, justo es, justísimo que suframos sus consecuencias y las sufran tambien nuestros hijos.
De las gradas y barandillas, de las ventanas y desvanes, de todos los asientos, pero principalmente de los que llenaban el patio, hubo de salir entonces, entre ruidosas palmadas, un grito unánime de admiración, de entusiasmo y orgullo nacional justísimo. «¡Vítor, Lope!» clamaba aquella alborazada multitud una vez y otra; «¡Viva el Fénix de los ingenios! ¡Viva Lope de Vega!» And in no less laudatory terms, Elías Zerolo says: "En ella,... agotó Lope todos los sentimientos resortes propios de su teatro... Esta comedia es una de las más perfectas de Lope, por lo que alcanzó en su tiempo un éxito ruidoso."