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Actualizado: 19 de octubre de 2025
Aunque la maniobra sabia y prestigiosa de la tartana hubiera derrotado los planes de campaña y la táctica de los espectadores de Santa María, ellos contaban siempre con la velocidad y el número de sus atacantes para ver a su enemigo aprehendido y arrastrado a remolque.
Su confusión ante ese espectáculo duró un segundo, durante el cual, pensando que nadie más que él en el mundo había amado a la muerta, el estupor, la ignorancia del afecto de donde venía aquella ofrenda, lo dejaron perplejo y ansioso. Pero luego comprendió con la velocidad de un relámpago.
Habían ocupado tres automóviles, saliendo en fila a toda velocidad, piloteados por Gómez, que señalaba el rumbo desde el pescante del primer vehículo. ¡A morir los caballeros!... Aceptó Fernando los ofrecimientos de un chófer mulato, y fiado a su capricho, emprendió una excursión por Río Janeiro.
¿Y bien? preguntó el capitán inclinado sobre la borda. ¡Está hecho! contestó Tragomer. Por la escala de cuerda que pendía del flanco del navío subieron sobre cubierta, la embarcación fué suspendida, y el yate volvió á tomar la velocidad un punto interrumpida, con la proa hacia alta mar.
Nó; pues que se limita á fijar las condiciones á que está sujeto el fenómeno; y en este no entran mas ideas que, direccion de la fuerza, es decir una línea en el espacio, y velocidad, esto es, la relacion del espacio con el tiempo. Aquí no se mezcla pues con la idea de la extension, otra que la del tiempo.
Pero como por una parte hemos visto ya las dificultades que ofrece el considerar el tiempo como cosa absoluta; y por otra, no se puede aducir ninguna prueba sólida en que se funde esta propiedad, resulta que no sabemos tampoco de qué manera considerar á la velocidad como absoluta, ni aun en el sentido arriba explicado.
Seguramente sería algún objeto inconfesable... En vano yo le hacía observar al chauffeur que al atravesar la calle del Conde del Asalto ni yo ni ninguno de mis amigos llevábamos exceso de velocidad. El chauffeur insistía, y los espectadores comenzaban a sospechar que yo era un hombre cruel dedicado a atropellar por gusto automóviles indefensos.
Entonces aquellos desgraciados, pálidos y maltrechos, se miraron con espanto, y de un brinco se plantaron en la playa, echando a correr con toda la velocidad de sus piernas, como si el gitano les pisara los talones.
El tiempo es medida de su movimiento; su movimiento no es medida del tiempo. El movimiento está en el tiempo, nó el tiempo en el movimiento. No basta apelar á los movimientos anuos, solares ó siderales; siempre queda en pié la misma dificultad. Los años siderales ¿serian los mismos, si el movimiento se hubiese hecho con mas ó menos velocidad?
No se puede maniobrar... La Ligera, perdido el rumbo, corre con tanta velocidad como el viento... Entonces es cuando la ve pasar el aduanero; son las once y media.
Palabra del Dia
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