Habitábamos, cerca de Grenoble, el castillo hereditario de nuestra familia, que era citado en el país por su aspecto señorial. Solíamos mi padre y yo cazar durante un día entero sin salir de nuestras tierras ó de nuestros bosques. Nuestras caballerizas eran grandiosas, y estaban siempre llenas de caballos de precio, que eran la pasión y el orgullo de mi padre.

El panorama es inmenso y de una variedad encantadora. Al oriente veía la vasta llanura, cortada por algunas bajas colinas que dan asiento á una multitud de poblaciones, entre ellas Grenoble (al sud-este), y que, surcada por el alto Ródano, es la base de un extenso cultivo, principalmente de moreras, trigos y viñas. Al norte registraba el valle del Saona y las ricas llanuras de la Borgoña, en dirección á Mâcon. Al occidente llanuras y colinas también hacia la ciudad fabricante de Saint-

También Grecia hablaba de su Parnaso, cuyas piedras, lanzadas al limo del diluvio, se convertían en hombres. Hasta en Francia hay montañas donde se paró el arca; una de esas cumbres divinas es Chamechaude, cerca de la gran Cartuja de Grenoble: otra es Puy de Progne, dominador de las fuentes del Ande. El mito es, pues, constante; de las altas cimas es de donde han bajado los hombres.

A la izquierda ó el oriente corren de norte á sur los Alpes formando tres líneas superpuestas: una en que se destacan entre las nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga y casi nebulosa, de montañas gigantescas pero sin puntos culminantes, y otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora la ciudad de Grenoble.

Vivíamos á media legua de Grenoble; pude, pues, seguir mi curso de derecho, sin dejar la casa paterna.