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Dedúcese de lo expuesto que los contrafazedores provenzales, ya como farsantes, ya como actores mímicos de poesías épicas y líricas, ofrecen siempre grande importancia al tratarse de la historia progresiva del teatro moderno, y que los literatos, que, como Moratín, niegan á los provenzales influjo alguno en el desarrollo del drama, no han estudiado á fondo su desenvolvimiento sucesivo.

Con efecto, si los teatros han sido siempre una muestra de la cultura y civilización de los pueblos, forzoso es que hasta en la parte material correspondan á la categoría de cada ciudad, y que el mérito de las representaciones esté en armonía con su ilustración....» Y más adelante se decía que los empresarios, «notando el afán que había en Sevilla por volver á gozar de las representaciones líricas, enviaron al extranjero, aunque fuera de temporada, á una persona entendida para que á cualquier precio les ajustara una compañía de excelentes artistas... Nada se atreven á decir de su mérito, por más que gocen de alta reputación en Italia, porque también ha de juzgarlos el público, y en estas materias es infalible.

No puede ser más favorable tampoco la crítica con las comedias puestas en escena de Lobo, ya antes nombrado, comandante de la ciudad de Barcelona, y conocido también por sus poesías líricas en estilo culto. Sus Mártires de Toledo y El tejedor Palomeque son una mezcla absurda de portentos sin gusto y de farsas triviales.

Yo confieso que, si se reuniesen las más selectas poesías líricas de los grandes poetas de hoy y Perícles pudiese leerlas y entenderlas, había de hallarlas superiores a las de Píndaro. Prolijo sería explicar el por qué. Baste con que yo reconozca que en lo lírico sobrepujamos a los antiguos. No así en lo demás.

Casi no es necesario advertir, que, á nuestro juicio, sucedió lo mismo con las especies líricas mencionadas antes, en que intervenían muchas personas hablando entre .

Escribió poesías líricas, varias didácticas, que son las mejores, y tradujo algunas tragedias griegas y francesas. Para resumir en pocas palabras nuestro juicio acerca de ellas, sólo diremos que vino á ser, por su gusto literario, por su educación é inclinaciones, el Boileau de Alemania.

La pesqué al salir del Colón, después de escuchar las locuras líricas de «Lucía», un aria cuyo interés principal reside en sujetar la locura a pentágrama, ritmo y compás, cuando la verdadera locura se distingue precisamente por no sujetarse a nada, cosa que, por lo visto, ignoraba Donizzeti. En cuanto hay reglas, ya no hay locura.

No le falta elevación ni fuego; el odio contra los enemigos de la fe católica está expresado con tremenda energía; encierra bellezas aisladas, así líricas como épicas, en número no escaso; pero los sucesos de la guerra están enlazados entre , sin formar un plan regular, y sin constituir, por tanto, un drama verdadero.

Allí se representan las piezas de D. Gaspar por los jóvenes aficionados y se leen sus poesías líricas, en medio de las lágrimas y los aplausos de las señoritas de la localidad, adivínanse charadas y logogrifos, se cantan mandolinatas y stornellos en un italiano estupendo y se juega de mil modos ingeniosos.

Ahora basta á nuestro propósito recordar las poesías líricas religiosas, tan innumerables y excelentes, que forman uno de los más bellos florones de la literatura española, y llevan impreso el sello místico de la época en caracteres tan nobles como puros . Para sentir en toda su fuerza estos bellísimos cantos; para apreciar la influencia que tuvieron en fortalecer el espíritu religioso de la nación, es indispensable conocer su origen y objeto, hoy casi olvidado.